TREVINCA.- Setenta años en la cumbre

8ª ENTREGA: “Trevinca, setenta años en la cumbre”

MONCHO MORALEJO Y AMADOR DE PRADO 
“LOS ÚLTIMOS DE LA GENERACIÓN DE LA CALLE SAN VICENTE”

Pocos de vosotros sabréis que el primer local social del club estaba radicado en la calle San Vicente, justo en una zona de vinos tan concurrida actualmente que nos podría hacer pensar en lo bien que estaríamos allí hoy en día.
Probablemente “Trevinca” se instala allí a principios de 1950, permaneciendo hasta finales del año 1958 o primeros del año siguiente. Lo que sí sabemos es que en reunión extraordinaria celebrada el día 2 de abril de 1958 la Junta Directiva emite un SOS tratando de buscar alguna solución para afrontar la innegable realidad de falta de gancho de la actividad de la Sociedad. Y para ello se piensa en activar, que no reactivar la faceta social del club  para lo cual se entiende como imprescindible la búsqueda de una nueva ubicación para el local social.
Atrás quedaban los días en los que, para el asombro de nuestro fundador Gonzalo Gurriarán, los socios acondicionaban con sus manos y habilidades el antiguo local para humanizarlo.

En los años a los que nos referimos aquello era un páramo. Aunque había muchos socios del entorno del Berbés su interés por la montaña era escaso por no decir ninguno. El vino que se servía tampoco debía ser de su gusto y preferían las tabernas de toda la vida que no escaseaban. Por otra parte, los esquiadores se encontraban más confortablemente instalados en la sede de Club de Campo y rara vez acudía alguno por allí, excepto cuando se aproximaba la cita anual de Fonte da Cova .
En este escenario se encontraban muchas veces Amador de Prado y Moncho Moralejo cuando se acercaban para hacer vida social o a cumplir con sus deberes como directivos. Me recordaban que cuando uno llegaba lo normal era encontrarse al otro jugando una partida de ajedrez con un tercero pero ni un alma más.
Ambos se nos han ido para siempre en un plazo de un par de meses. Ellos, que fueron muchos años directivos y que tuvieron que pensar muchas veces si merecía la pena continuar, estarán ahora seguramente comentando que sí que mereció la pena no haber bajado la persiana.
 
 
AMADOR DE PRADO FONTÁN

Cuando Moralejo llega a “Trevinca” en el año 1958 ya Amador era socio desde diez años antes.

Con Amador se va uno de los últimos esquiadores de la Belle Epoque de Fonte da Cova y, seguramente, su rostro más conocido. Gran amante de la montaña pero su verdadera debilidad era el esquí. A raíz de la celebración del 65 aniversario del club y cuando ya contaba más de 80 años me explicaba con pena que estaba considerando seriamente dejar de esquiar. Con su inseparable compañero José Luis y sus esposas no faltaban a sus citas invernales en Andorra. Gran amigo y compañero siempre dispuesto a una buena parrafada poseía un curioso sentido del humor. Nunca olvidaré que fue él quien me llevó a esquiar a Navacerrada por primera vez cuando yo iniciaba mi aproximación a este deporte. Con su llegada al selecto club que formaban los esquiadores de las más conocidas familias viguesas el ambiente de Fonte da Cova comenzó a humanizarse sin que ello supusiera merma del encanto de aquel rincón, animando a más de un socio a unirse a tan exclusivo grupo y popularizando el esquí entre los miembros del club.

 

JOSÉ RAMÓN MORALEJO FILGUEIRA
 
Cuando José Ramón Moralejo –Moncho-llega a “Trevinca” en el año 1958 el club, tal como lo entendemos hoy, no tenía Presidente ya que Vigo como otras localidades eran simples Delegaciones y a su frente estaba un Delegado. En aquel momento el cargo lo ostentaba Carlos Posada Tapias desde 1945 aunque no había sido de los fundadores. Carlos había dejado el timón como Capitán de la Marina Mercante para llevar la nave de “Trevinca” y evitar que encallara. Habían sido muchos años de continua zozobra y estaba agotado. Además, una lesión de rodilla le había apartado de la práctica deportiva y no se iba porque ni sus directivos ni la escasa masa social se lo permitía. Pero la fortuna estaba de nuestra parte y la llegada de Moralejo fue la solución. Desde el primer momento -primero como Subsecretario y a continuación como Secretario- consiguió apartar a Carlos de las tareas burocráticas, tales como confeccionar los recibos de las cuotas mensuales que  él mismo confeccionaba de su puño y letra amén de la labor administrativa que no era poca. A partir de entonces Moralejo se echa a las espaldas el club dejando para Carlos Posada la labor de representación.
Su trabajo fue ímprobo. Se puede decir que puso a “Trevinca” en el mapa vigués. Consiguió junto con otros que se nos alquilara un piso en el mismísimo centro de Príncipe. Hasta ese momento la masa social trevinca, al margen de la gente guapa del esquí, estaba constituída por vecinos del Berbés, trabajadores de astilleros y empresas auxiliares, artesanos y operarios de los llamados “oficios”. Moncho Moralejo consiguió revertir ese escenario dando de alta en el club a un ejército de empleados del comercio del centro de Vigo, funcionarios bancarios y personal de oficinas y administración. Disponía para ello de un centro logístico óptimo, por un lado la flamante sede trevinca en el mismísimo centro de Príncipe y su centro de trabajo situado mismo enfrente, radicado en las que fueron las primeras galerías comerciales de Vigo. Saltaba de uno a otro lugar según conviniera.
Así se mantuvo hasta el año 1976 en que sucede a su admirado y respetado Delegado Presidente Carlos Posada. Habían pasado casi veinte años de ímprobos trabajos. Después de haber hecho lo más difícil y consolidar al club parecía lógico que su mandato perdurara pero no fue así. Dejó la presidencia cuatro años más tarde en unas condiciones como las que se encontró, es decir con una mudanza. Los propietarios del local nos requerían para que lo abandonásemos y acometer una transformación de todo el edificio, nos recordaban que la cesión de los dos locales que para entonces ocupábamos había sido una gentileza para con Moralejo y otros. Los nuestros honraron sus compromisos y los caseros fueron generosos colaborando en una parte sustancial para la compra del local que hoy día disfrutamos.
Su labor en pro del montañismo fue reconocida no solo por nuestro club que le nombro socio de honor sino por la Federación Española de Montañismo al que le concedió la medalla de Bronce de la misma.
 
Gran aficionado a la montaña trabajó incansablemente en el mantenimiento de Concursos, Marchas de Regularidad y Campamentos. Conocía a la perfección todos los montes de la comarca y zonas cercanas y dentro de las pocas posibilidades que había entonces realizó diversas salidas a Picos de Europa y Pirineos.
Mi recuerdo de Moralejo quedaría incompleto si no mencionara su peculiar modelo para determinar la clasificación en las Marchas de Regularidad. Al efecto había dispuesto un sistema de medias ponderadas que se atribuían a cada una de las parejas participantes en cada uno de los controles. Utilizaba para ello distintos parámetros como los tiempos máximos y mínimos, así como los tiempos determinados por los diseñadores del recorrido. Todo ello lo hacía mediante cálculos sin ayuda de máquina alguna, ya que no existían, utilizaba unos coeficientes de tres y cuatro decimales que a su vez alguien tenía que corregir. Considerando que en ocasiones había hasta cincuenta equipos y había hasta 5 tramos el cálculo era inacabable, de suerte que no se sabía quiénes habían sido los vencedores hasta pasados varios días.
 
Descansen en paz nuestros amigos Amador de Prado Fontán y José Ramón Moralejo Filgueira y reciban sus familiares y amigos el reconocimiento y cariño de los que, gracias a su esfuerzo, pueden hoy en día considerarse “Trevincos”.
 
Fdo. Antonio Graña Molares