TREVINCA.- Setenta años en la cumbre

7ª Entrega «Trevinca, setenta años en la cumbre»

«UNA AFICIÓN DE PELÍCULA»

No puedo disimular la profunda admiración que siento por nuestros fundadores, ya fueran montañeros o esquiadores. En muchos casos coincidían en la misma persona las dos aficiones y, desde luego, aquellos esquiadores tenían que ser indudablemente, también montañeros. Aparte de ser unos auténticos atletas está claro que tenían que ser unos apasionados de nuestros deportes para practicarlos en las condiciones en las que lo hacían.

Voy a poner un énfasis especial en la vida de los esquiadores con la seguridad de que ninguno de aquellos esforzados quedará al margen de este relato.

Una de las características que más me llama la atención era su UTOPÍA. Consideraban que con poca ayuda Galicia y Trevinca podrían tratarse de igual a igual con otras regiones montañosas de España. Y no es que se tratase de gente no viajada. Muchos de ellos habían esquiado en otras partes de España y el extranjero.


Soñaban con trenes blancos de esquiadores. Soñaban con jóvenes valdeorreses aprendiendo a esquiar para desplazarse por los pueblos y más tarde convertirse en profesores de esquí. Aseguraban que Tropas de Montaña se establecerían en Trevinca y, con todo ello, llegaría la riqueza y el progreso para una zona tan desfavorecida.
Es cierto que el esfuerzo que ocasionaba la práctica del esquí era denominador común, en aquel momento, en todos los macizos españoles.


Largos viajes hasta las zonas nevadas, penosos desplazamientos con todo el equipo a cuestas hasta lo que ellos llamaban “pistas”. Pisar la superficie nevada de las laderas con los esquíes previamente antes de deslizarse por ellas para que estuvieran medianamente aceptables…. ¿Y todo para qué? Para comprobar lo rápido que se baja y lo mucho que cuesta subir.

Como digo, esto era el denominador común dondequiera que se esquiara. Hay que tener en cuenta que la cosa más parecida a un telesquí se instaló en España en la estación de La Molina en el año 1943 . En Navacerrada aparecería el primero a finales de 1945. Cualquier esquiador medio puede hoy esquiar en unas horas más que aquellos paladines en un par de temporadas. Sin embargo, hay dos factores que con toda seguridad hicieron que la práctica del esquí en Galicia fuese en aquellos momentos diferente al resto de España y no precisamente para eliminar o, al menos, paliar sus dificultades.

Aunque más adelante se pormenorizará cada uno, debemos adelantar que nos estamos refiriendo a: por una parte, la convivencia con los mineros que en aquellos momentos explotaban las minas de wólfram en la zona y, por otra parte, la no menos complicada actividad deportiva en medio de la presencia de la guerrilla antifranquista y sus enfrentamientos armados con la Guardia Civil.

¿Y los esquíes, de dónde sacaban los esquíes? Nunca supe a ciencia cierta su procedencia. Los pioneros vigueses reconocen que los suyos los habían fabricado ellos mismos excepto un par que procedían del Ejército y vaya Vd. a saber cómo habían llegado a sus manos.
 
FIGURANTES A LA FUERZA
 
Curiosamente en las fechas que esto se escribe se estrena en las pantallas cinematográficas la película “Lobos sucios”. Relata con una historia ficticia la actividad minera en las Minas de Valborrás. Esta película no creo que tenga gran audiencia entre los aficionados al cine comercial. Excepción hecha de los interesados en el cine local, público aficionado a los temas relacionados con la segunda guerra mundial, gente de Valdeorras o curiosos del wólfram.
Podría extenderme relatando la trascendencia de esta minería, relatos de espionaje, cambio de manos de la propiedad de las minas entre potencias vencedoras y vencidas e incluso e inevitable, el uso de las minas como campo de trabajo para los vencidos en la contienda civil española.
Solo resaltar que dicho mineral era vital para la fabricación del blindaje de las máquinas de guerra y por consiguiente muy apreciado por ambos bandos. En las minas de la zona llegaron a trabajar hasta 2.000 personas en una especie de «Far-West». Mujeres, niños, todos los brazos eran bien recibidos. Las cifras que se cobraban eran astronómicas para la época y como consecuencia el gasto, el juego y el despilfarro era común.
Habitaban en barracones que todavía persisten y prácticamente no conocían otro mundo ya que las salidas al exterior eran muy deficientes.
Pues bien, en este enclave se encontraba lo que podríamos llamar campamento base para las operaciones de nuestros héroes. Ya fuesen montañeros o, más numerosos, esquiadores.
Para entonces la semilla lanzada por Gonzalo había germinado y los deportistas eran muchos más de lo que podría esperarse.Estamos refiriéndonos a los momentos previos a la construcción del refugio de Fonte da Cova.

Existían entonces socios con “posibles” a los que nos referiremos más adelante que disponían de vehículo propio, los demás una vez llegados a El Barco , casi siempre por tren, habrían de desplazarse a las minas en camiones. Este medio de transporte aunque parezca mentira era el preferido. Los camiones obviamente eran abiertos y su velocidad era escasa, debido a la estrechez de la carretera y los inconvenientes de la nieve. Se consideraba como una ventaja el poder tirarse en marcha ante la eventualidad de una salida de la carretera.

Nos encontramos en el año 1945 y el fin de la guerra está próximo. La necesidad de encontrar alojamiento para el cada vez mayor número de esquiadores rebasa las posibilidades de los pueblos cercanos, Casaio, Lardeira e incluso Viana do Bolo.

Merced a las excelentes relaciones de Gonzalo Gurriarán y, más tarde, a los nuevos miembros vigueses se consigue que la dirección de Minas de Valborrás ceda a «Peña Trevinca» la mitad de un barracón que estaba destinado a economato -en el lugar llamado “A Rabiceira”- amén de que ocasionalmente también se cediera el uso del chalet de la dirección de la mina, en el caso de visitantes distinguidos que también los había entre los esquiadores.

De este modo, nuestros fundadores fueron testigos del final de la fiebre del oro valdeorresa. Pero las minas todavía prestaron un último servicio: materiales y enseres de aquel alojamiento provisional acabaron formando parte del nuevo refugio de Fonte da Cova.
 
ENTRE DOS FUEGOS
 
El otro factor diferencial se refiere a la convivencia temporal de nuestros deportistas con los “fuxidos”, grupos de resistentes antifranquistas que se ocultaban en los montes próximos a la zona y que circunstancialmente bajaban hasta las aldeas y allí adoctrinaban a los paisanos. Todo el mundo los conocía y algunos de ellos convivían a diario con los vecinos.
 
La importancia de la zona la demuestra el hecho de que el último congreso de la Federación de Guerrillas León–Galicia se celebrase en los montes de Casaio en el año 1946.

No es difícil imaginar que en estas circunstancias la actividad deportiva en ocasiones fuera complicada. Por citar un par de casos nos referiremos a tiroteos y escaramuzas en los barracones en donde se alojaban mineros y montañeros. Hubo también secuestros con solicitud de rescate. En un ambiente así más de uno renunció a la práctica del deporte hasta que la situación se normalizó, circunstancia que tardó bastante tiempo. También presenciaron entregas voluntarias a la guardia civil de gente que no soportaba más la situación.

Como colofón y como detalle que podría parecer jocoso diremos que el refugio, tanto tiempo anhelado, no fue inaugurado por nuestra gente sino por la Guardia Civil. Aunque no estaba más que cerrado y techado, la Benemérita consideró que era un lugar muy adecuado, pese a su estado, para utilizarlo como centro de operaciones para hostigar a los “fuxidos” y así lo tomaron prestado sin previo aviso. Parece que no fue fácil el que lo abandonaran.  

Fdo. Antonio Graña Molares