TREVINCA.- Setenta años en la cumbre

6ª Entrega (2ª Parte) “Trevinca, setenta años en la cumbre”

“LO QUE UNE TAMBIÉN PUEDE DESUNIR”
(2ª Parte)
 
Entretanto las listas de socios continuaban creciendo de manera imparable. Los fundadores vigueses habían participado en la contienda civil. Pertenecían a los vencidos aunque hubiesen participado a la fuerza en el bando vencedor. Con asombro observaban las listas de nuevos socios y excepto a aquellos, muy pocos que ellos habían aportado, los nuevos miembros vigueses no eran aquellos esforzados montañeros que habrían demostrado sus cualidades escalando determinado número de metros, ni habrían demostrado poseer las virtudes que los fundadores habrían atribuido a los nuevos socios. Además en las listas había gente que se había significado -antes y ahora- de ser absolutamente afines al régimen franquista y algunos falangistas militantes. No era difícil suponer que lo mismo sucedía con los nuevos afiliados de otras ciudades y villas.
Como es natural, en sus actividades montañeras no coincidían con estos nuevos socios ya que la actividad social como tal no existía y seguían saliendo con los de siempre, los nuevos eran simplemente nominales.
Solo en las salidas para ubicar el refugio los vigueses compartían con la gente del Barco y otras poblaciones, pero básicamente siempre coincidían los mismos.
 
Como es de suponer el caldo de cultivo no era el mejor para unos idealistas de la montaña que seguían siendo miembros del “Celta” en donde tampoco eran muy bien vistos.
La prensa local, se desconoce por qué razones, recibió muy mal el proyecto de Trevinca y muy especialmente lo referente al refugio y se dedicó a hostigarlo. Se significó muy especialmente “El Pueblo Gallego “.
 
En febrero de 1946 se celebran los primeros campeonatos gallegos de esquí (de los que hablaremos detenidamente más adelante).
Con este motivo, durante casi una semana y en unas condiciones muy precarias se reúnen amén de más de cien participantes, innumerables amigos de los mismos así como curiosos. La organización está desbordada y se alojan como pueden en los barracones de las minas abandonadas de Valborrás, Conde y Montes de Galicia, también se echa mano de casas particulares.
Y empiezan los problemas entre gente que no se conoce y de poco o ningún espíritu montañero. 
Gonzalo Gurriarán escribe a Antonio Villaverde el 6 de febrero de 1946 (especial atención al tercer párrafo):
 

Antonio Villaverde ya tenía descontado de antemano el problema y tampoco tenía ganas de convivir con cierta clase de gente por lo que le contesta a Gonzalo:“Los planes de nosotros, viejos “trevincos”, los tenemos ultimados y creo será un desahogo para la organización de Peña Trevinca. Ya tenemos donde albergarnos y cocinaremos por nuestra cuenta”.
La descripción de los relatos de cómo era la vida allí es surrealista a juzgar por los recuerdos que tenemos de algunos de los que la vivieron y mercería un capítulo exclusivo de estas páginas.
 
FIN DEL IDILIO. Desde abril de 1944 hasta finales de 1945 el ir y venir del cartero era continuado. A partir de entonces termina la correspondencia entre ambos, excepto la que más arriba se ha mostrado.
 
 
Los fundadores vigueses no eran esquiadores. Concebían los esquís como una herramienta imprescindible para un montañero moderno pero no estaban interesados en las competiciones y ese era el rumbo que le estaba dando Gonzalo.  
No se trataba de una contestación pero dejaron de ir a las montañas de Trevinca y pusieron sus ojos en Ancares y en Queixa, a la vez que animaban a algunos de los “suyos” a esquiar en Manzaneda.
 
 
 
 
Antonio Villaverdese dirigía a Armando R. Acosta de Pontevedra en los siguientes términos: “Aquí, desde luego no existe la nieve del Jancianal, pero aprovechando una nevada, para nosotros que no aspiramos a campeones, tenemos las suficientes pistas para deleitarnos como modestos muchachos que se contentan con pasar unos momentos placenteros”.
 
En Abril de 1945, cuando las cosas estaban ya en franco deterioro, Villaverde propone a Carlos Posada para ocupar su cargo de vicepresidente.
En Septiembre de 1945 es nombrado vicepresidente de Peña Trevinca y Delegado en Vigo. Este nombramiento constituye un cambio radical por lo que supone un abandono a las ideas de los fundadores vigueses acercándose más a la forma de entender la Sociedad que tenía Gonzalo Gurriarán. A partir de este momento los montañeros van por un lado y los esquiadores por otro. Apenas se conocen entre sí y su actividad común es mínima.
A lo largo de los próximos años el esquí será una fuente de cuotas sociales ayudando grandemente a que la marca “Peña Trevinca” no desapareciera.
 
Fdo. Antonio Graña Molares