TREVINCA.- Setenta años en la cumbre

3ª Entrega “TREVINCA, Setenta años en la cumbre”

¡¡¡HALA CELTA!!!
TODOS LOS MONTAÑEROS BAJO EL MISMO PARAGUAS
 
Habíamos dejado a nuestros amigos del “Centro Excursionista de Galicia” en los albores de la guerra civil. Para su desgracia, alguno de ellos tuvo que tomar parte en el conflicto. Terminada ésta ya dábamos cuenta en la entrega anterior de la aparición de una nueva marca, la Peña Excursionista Viguesa. Este grupo realiza distintas actividades durante los años 1940 y 1941, durante éste último llega a integrarse en la Federación Cantábrica de Montañismo y Esquí, radicada en Palencia. Desapareciendo en 1941.
 
El “Centro Excursionista de Galicia” como tal permanece vivo pero no tenemos referencias de sus actividades deportivas. Desconocemos los nombres de sus miembros excepto de aquellos que tuvieron que ver en la fundación de “Trevinca”. Nos referimos, como no, a los hermanos Villaverde, Natalio Abad, Antonio Solla, Luis Ríos y Emilio Giraldez entre otros. Estos pioneros más que otra cosa sueñan. Sueñan con la Alta Montaña, con la nieve y con grandes escaladas. El entorno vigués les resulta muy poco atractivo y no relatan ascensiones a los montes provinciales ni escaladas en el Galiñeiro o el Faro de Budiño. Por el contrario, se refieren a visitas a las Sierras de Queixa y San Mamed y alguno de ellos se acerca a los Pirineos.
 
En Febrero de 1942 ocurre algo, en apariencia intrascendente para el montañismo gallego, que va dar lugar al nacimiento de los clubes más importantes hasta hoy en día.
Aunque en las distintas publicaciones sobre la historia del Real Club Celta de Vigo no se encuentra mención alguna a la existencia de una sección de Montañeros, en el ámbito montañero vigués no hay duda alguna acerca de la misma. En una entrevista grabada que el autor de este artículo mantuvo una año antes de su muerte con uno de los fundadores, José Villaverde , este me relató con pelos y señales su gestación.
Aparentemente en Vigo se pretendía recobrar la Federación Gallega de Futbol que había sido trasladada a La Coruña al principio de la posguerra. Se entendía que si el Celta mostraba una imagen de club más multidisciplinar estaría en condiciones de obtener su objetivo. De modo que, entre otras, se creó la sección Montañeros del Celta- como aparentemente les gustaba llamarse-  e incluso algo más tarde una sección de esquí de la que no hay noticias de que haya tenido actividad alguna.
Si bien en principio se nutre de la gente del Centro Excursionista de Galicia” el efecto llamada fue muy grande y en poco tiempo tenían más de 200 miembros. Gente de toda condición se unieron en un heterogéneo grupo de “montañeros” en el que como más tarde se comprobaría había mucho aprovechado.
 
Nos contaba el bueno de Pepe Villaverde que la afiliación traía un pan bajo el brazo, el acceso libre a Balaídos en cuya tribuna de Río fueron ubicados.
El aquí firmante es, además de montañero, gran seguidor del Celta y puede asegurar que no hay gente menos interesada en el fútbol que los aficionados a la montaña. A lo largo de mi ya larga vida deportiva he anhelado en muchas ocasiones echar una parrafadita sobre el tema  con alguien para sobrellevar una noche de acampada, una larga caminata o los insufribles viajes en bus.
Por lo que se ve, mucho han cambiado las cosas y de aquellos forofos del Celta no queda nada.
  
Si nuestros héroes se encontraban incómodos entre los romeros en las cumbres no nos podemos imaginar lo que sufrirían compartiendo bandera con la masa futbolera.
De sus sinsabores, andanzas, desventuras y otras cuitas sabemos mucho porque si bien todo esto ocurrió un par de años antes de la fundación de “Peña Trevinca”,por una razón o por otra hay un gran testimonio escrito en la correspondencia que mantuvieron con Gonzalo Gurriarán .
El reducido espacio con que contamos nos impide hacer un relato más exhaustivo del calvario que esta gente debió de sufrir en aquel ambiente y es difícilmente comprensible entender por qué se mantuvieron. Los testimonios fotográficos que existen señalan, inequívocamente, que en sus ropas exhibían algunos de los emblemas del Celta junto con una montaña. Escudo que coincide con el actual de Montañeros Celtas.
Entre otros calificativos se podría decir de ellos que eran unos auténticos adelantados del montañismo por sus ideas y sus objetivos. Por el contrario, también reflejaban cierto clasismo, intolerancia y porque negarlo un algo de narcisismo.
 
El libro que Ricardo Gurriarán publica sobre la figura de su padre Gonzalo Gurriarán es muy esclarecedor al respecto, porque si bien se refiere al momento de la constitución de “Peña Trevinca” recoge en él los comentarios que los fundadores vigueses le hacen de la situación previa al acuerdo de creación de nuestro club. Pese a varias mudanzas efectuadas y a algunas pérdidas, las directivas de “Trevinca” han ido custodiando como un tesoro la copiosa documentación relativa a los primeros momentos. Hay centenares de cartas, muchas de ellas manuscritas. Cualquier persona curiosa podría disfrutar mucho con su lectura.
Aunque este trabajo pueda resultar penoso para el lector no podemos evitar transcribir un párrafo de una de estas cartas que es toda una declaración de intenciones.
Le dice José Villaverde a Gonzalo Gurriarán: “Nuestra situación en el Club Celta Sección-Montañeros se limita actualmente al hecho de ser únicamente socios. Nuestro grupo que fue el que cultivó la práctica de montaña, ha formado la sección de esquí y años atrás estuvo en los Pirineos, por este motivo tiene que dirigir su mirada a la zona montañosa y de nieve, sin desperdiciar las excursiones ligeras de por aquí acerca, que nos sirven de entretenimiento. Nuestro criterio está en un sentido de completa independencia de los demás socios, que al parecer se limitaran a hacer excursiones locales que no está en concordancia con nuestro propio sentido montañero”.
 


Tres de los fundadores vigueses en una de sus aproximaciones a Trevinca junto a sus inseparables bicis . Puente del rio Bibei

Quiso la fortuna en tras una fallida salida a Manzaneda con la pretensión de esquiar se encontraran con esta sierra de Queixa sin nieve mientras al alcance de la mano Trevinca resplandecía blanca y sugerente. La decisión estaba tomada Trevinca sería su próximo y tal vez definitivo objetivo.

Y así fue como conocieron a Gonzalo Gurriarán. Era inevitable porque Gonzalo era parte de la montaña misma. A su condición de enamorado de la montaña unía la de médico que visitaba los lugares más emblemáticos de la zona.
De este encuentro casual nació nuestro club. Poco a poco iremos relatando las vicisitudes de la gestación. Los encuentros y posteriores desencuentros.

Solo resaltar como colofón lo que manifestamos en el encabezamiento de este trabajo. Con la aparición del Celta se unían todos los montañeros vigueses bajo una misma marca. A lo largo de los años ambos clubes, especialmente “Trevinca”pasaron por momentos difíciles que presagiaban su desaparición y en los que el otro club se presentaba como salvador en una especie de abrazo del oso. También había gente bien pensante que soñaba con un solo club fuerte y con implantación en toda Galicia,  al estilo de los clubes catalanes.

Los fundadores vigueses soñaban con un club de élites deportivas, muy minoritario y exclusivo. 
En un principio encontraron en Gonzalo Gurriarán el compañero ideal pero la visión de éste era mucho más amplia. Conforme se iba ampliando la base social iba incorporando a la misma distintos colectivos tanto de ámbito deportivo como social.
A los montañeros, y principalmente esquiadores, se fueron agregando Intelectuales de todas las ramas relacionadas con la vida al aire libre. No faltaron tampoco gente de la Universidad, escritores y periodistas.
El sueño de Gonzalo Gurriarán  era ni más ni menos que lo que ya había conseguido el Celta sin proponérselo.
Mucho tuvo que soportar G.G. a lo largo de los primeros tiempos hasta que agotado dejó paso a otra gente. En el libro citado con anterioridad, Ricardo Gurriarán refiere: “ Gonzalo ainda persistiría un tempo no seu empeño de fundir os principais clubes de montaña galegos. Para él a finalidade da práctica montañeira sempre estivo por riba de localismos e de rivalidades”.
 
Fdo. Antonio Graña Molares